Como prometíamos en el artículo anterior, éste trataría sobre las estrategias terapéuticas, médicas o quirúrgicas, más usadas en la endometriosis.
Ya se comentó que la clínica más frecuentemente asociada a la endometriosis era el dolor y, en este sentido, su tratamiento médico específico es el tratamiento de primera línea para las pacientes que lo presentan.
Suelen ser útiles los tratamientos con analgésicos antiinflamatorios no esteroideos (naproxeno e ibuprofeno, los más comunes) ya que inhiben la secreción de una molécula que está íntima y primariamente relacionada con el dolor. Sus principales efectos adversos son los derivados de su acción a nivel gastrointestinal.
También son ampliamente recomendados y llamativamente útiles para controlar el dolor asociado a la endometriosis los tratamientos hormonales, que aportan un valor añadido: controlan la evolución de la enfermedad.
Los anticonceptivos hormonales (administrados como comprimidos, en forma de parches o como anillos vaginales) son efectivos por inducir anovulación y reducir el flujo menstrual y suelen ser bien tolerados que pueden administrarse a largo plazo.
Otros tratamientos hormonales útiles son los gestágenos, cuya administración continua provoca una atrofia tanto del endometrio como del tejido endometriósico y permiten un buen control de la clínica dolorosa.
Los gestágenos, que se encuentran en forma de comprimidos, dispositivos intrauterinos, dispositivos subcutáneos o inyectables intramusculares, pueden inducir retención de líquidos con incremento de peso y sangrado vaginal irregular, por lo que muchas pacientes pueden ser reacias a su empleo.
De la misma forma, otros principios activos, como danazol o gestrinona, por sus efectos adversos androgénicos (derivados de su efecto semejante a hormonas sexuales masculinas) suelen ser también rechazados en el tratamiento de primera línea de la endometriosis.
La inducción de una menopausia artificial mediante fármacos que contienen moléculas agonistas de GnRH son extremadamente útiles para tratar el dolor asociado a la menstruación y el dolor pélvico crónico. Su principal inconveniente es la pérdida de masa ósea asociada a su administración más allá de 6 meses, inconveniente que puede reducirse mediante modelos de tratamiento que asocien, más allá de este periodo, hormonas que protejan la densidad mineral ósea.
CIRUGÍA EN LA ENDOMETRIOSIS
El tratamiento quirúrgico de la endometriosis tiene como finalidad la destrucción de las lesiones visibles o palpables con la intención de mejorar el dolor y la fertilidad.
La utilidad del tratamiento quirúrgico para el control del dolor es limitada ya que más de un tercio de las pacientes intervenidas no mejoran o vuelven a presentar dolor a pesar de la cirugía.
Hay altas tasas de recurrencia de las lesiones endometriósicas en pacientes que han sido sometidas a una intervención quirúrgica, siendo más elevada conforme se incrementa la edad (se triplica cuando se supera la treintena) y cuando la enfermedad se encuentra en estadios más avanzados.
El tratamiento de los quistes endometriósicos (endometriomas) varía desde la simple aspiración de su contenido, con o sin instilación de sustancias que provocan una esclerosis del quiste, a la apertura y vaciamiento del mismo con electrocoagulación de la cápsula del quiste, o, por último, la decapsulación del mismo (extirpación del quiste incluyendo toda su cápsula)
Respecto al tratamiento quirúrgico de la endometriosis asociada a esterilidad, cabe decir que es un tema controvertido, ampliamente discutido en foros médicos nacionales e internacionales, sobre el que hay pocas actitudes consensuadas y aceptadas de forma genérica.
El tratamiento quirúrgico previo a las técnicas de reproducción asistida en pacientes con endometriosis no ha demostrado que mejora los porcentajes de fecundación, implantación embrionaria ni embarazo por lo que sólo sería aconsejable la cirugía en aquellos casos que presenten un endometrioma de gran tamaño que dificultara la extracción de ovocitos.




